martes, 29 de octubre de 2019

Son la grieta.





Son la grieta.

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que somos los que votamos a la corrupción y los choros

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que votamos pensando en comer

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que solo ellos votan valores

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que en nuestros actos hay violencia y queda mucha mugre en la calle

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que militamos por un choripán y nos llevan como ganado en colectivos

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que no somos democráticos y menos republicanos

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que solo ellos eligen libertad

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que vivimos de planes, subsidios o empleos del Estado

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que cortamos la calle para vivir de arriba

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que somos violentos chavistas, cubanos, iraníes y lo que te puedas imaginar

Te dicen que no quieren la grieta, pero nos maltratan diciendo que somos demagogos, populistas, vagos

Nada nuevo, nos dijeron aluvión zoológico, negros de mierda… y ahora también la dama chilena nos dijo “alienígenas”, o sea no humanos, raros, feos, extraños y peligrosos.

Te dicen que no quieren la grieta, pero ellos son la grieta.

Nicolás Alessio, teólogo.

lunes, 5 de agosto de 2019

El problema no es la grieta, es de que lado elegís estar.



San Cayetano, de un lado de la grieta.




Ya lo decía una canción. No es a San Cayetano a quién hay que golpearle la puerta. El trabajo es un derecho que deben garantizar los que gobiernan. 

Gobernar es dar trabajo, se señalaba por ahí.

Y también se supo decir que los derechos no se mendigan, se conquistan. Se luchan.

San Cayetano fue un precursor en la defensa del derecho de los que trabajan. 

Cuando la sabiduría popular liga el pan con San Cayetano, está ligando el fruto del trabajo: el pan en cada mesa. No un pan que se regala, un pan que se compra con un salario digno.

San Cayetano no sería un tibio ante la realidad de cientos de miles de desocupados que se multiplican día a día. No buscaría “mediar” en la grieta. 

Esta grieta es social y económica, lacera y mata.

Hay más de 13 millones de argentinos en la pobreza. No son números, son cuerpos, son historias, son sangre, son sudor, son vidas.

¿Como ser indiferentes a los rostros duros, curtidos que se quiebran y lloran porque no se animan a decir a sus hijos “perdí el trabajo”?  Hay que optar.

La perversidad de una situación se mide por los que no tienen trabajo o ven amenazado su trabajo: ahora le llaman “reforma laboral”, en los noventa era “flexibilización laboral”. Es la misma mentira. 

Ya lo padecimos.

Ya nos llenamos del humo en cada piquete o con la leña ardiendo en cada olla popular. Ya lo hicimos y no queremos otra vez la tragedia.

No hay lugar para mediocres. La gravedad de la situación es escandalosa. Y no es una realidad casual. Está planificada. Necesitan pocos trabajadores y sobre todo, sumisos. Sin chistar.

Cuando la mitad de los niños argentinos son pobres, nadie se puede quedar “en el medio”.

Nada más cruel que niños hurgando la basura para comer.  

¿Hay peor corrupción, peor robo, peor saqueo cuando te quitan tu sangre, la sangre de tus hijos, tu vida?

El problema no es la grieta, es saber de qué lado estar.

San Cayetano lo sabe.

viernes, 5 de abril de 2019

Angelelli fue asesinado. Crímenes, nunca más.









Crímenes, nunca más.


Angelelli, junto a los sacerdotes Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera fueron asesinados salvajemente.

No hay que edulcorar la afirmación y menos los hechos. Hasta acá, nada que celebrar.

Los asesinos militares y sus cómplices civiles, judiciales y religiosos son culpables, gravemente culpables. Nada que celebrar.

Pero tampoco nos quedamos en la tragedia. Hay fuerzas trascendentes que nos impulsan a avanzar. Por eso hablamos de “martirio”.

Cuando decimos que Angelelli, junto a Carlos, Gabriel y Wenceslao, son mártires, estamos dándole a la muerte violenta y tremendamente injusta, un sentido, un horizonte.

No para maquillar el desamparo, si no para leerlo de manera combativa.

El mártir es un combatiente que, arriesgando hasta su vida, la pierde.

Y esa tragedia la leemos como victoria. Como testimonio y victoria. Como victoria y esperanza.

Los méritos del mártir no están en su sangre derramada, en su dolor, en sus sufrimientos. Están en su amor llevado a los extremos.

Un amor sin fisuras por los sin-justica de ayer, hoy y mañana. Un amor indómito por la liberación de los oprimidos, de ayer, de hoy y mañana.

No claudicar, no rendirse, no escapar, no negociar, y seguir amando, cuando te amenazan de muerte, es una victoria.

Esta victoria la hacemos memoria y palabra urgente. No para repetir a Angelelli, estaríamos traicionando su profundo espíritu abierto y renovador.

Hoy lo releemos desde nuevas problemáticas y nuevas perspectivas, las ambientales, las de género, las de los movimientos de la diversidad, los movimientos feministas, las de un mundo pluri cultural y pluri religioso.

Venimos desde Córdoba. Hace 50 años nos propusimos mantener las banderas de Angelelli en alto.

Y en estos días de celebración militante, hay muchos que rechinan los dientes.

La Iglesia de Córdoba, primero con Mons. Primatesta, y ahora con Mons. Ñáñez, siempre negaron, ocultaron o escondieron, el asesinato y obviamente, el martirio de Angelelli.

Ahora intentan que la “beatificación” nos deje un Angelelli inocuo, licuado.

Que su memoria subversiva deje el paso a una memoria de estampita.

Nosotros decimos que Angelelli no es un mártir eclesial, “de la Iglesia”, ni es mártir porque lo diga el Vaticano.

Es un mártir popular porque lo dice su historia y lo repite gritando su pueblo.

Y cuidaremos que no se disuelva en una altar o un santoral de almanaque.

No obstante, el reconocimiento oficial de su martirio por el Papa Francisco nos entusiasma.

Los jerarcas cordobeses y los sectores económicos, culturales, sociales y políticos de Córdoba, tan católicos todos ellos, ya no podrán ocultarlo.

Negado por la Córdoba clerical, militar, conservadora, la Córdoba de la familia judicial, de la Mediterránea, del mal llamado “campo”.

Murmurarán en sus cuevas, pero Angelelli vive, y resucita todos los días.

Estos sectores que quisieron matarlo “dos veces”, con la brutalidad de la dictadura y con la brutalidad del silencio, han sido derrotados, pero no del todo.

Por eso “seguimos andando” y Angelelli a nuestro lado.



Grupo Sacerdotal Enrique Angelelli Abril 2019

viernes, 27 de julio de 2018

Militares en la Calle Nunca Mas.



Rechazamos y repudiamos el intento apenas disimulado por parte del ejecutivo nacional de ejercer el control sobre los sectores populares, pueblos originarios, organizaciones sociales y gremiales que con dignidad, legalidad y legitimidad ejercen el derecho a reclamar, a protestar y a manifestarse de manera pública apoderándose de calles y plazas.

El decreto es claramente autoritario. En un tema tan sensible es torpe y poco democrático no pasar por el Congreso.

El decreto tiene nitidas ambigüedades que obviamente permitiran a las FFAA intervenir en conflictos internos con la sola decisión del poder presidencial.

La experiencia en otros paises de la región demuestra que la intervención de FFAA no solo no han resuelto los problemas del narcotráfico si no que se han agravado. Mas muertes mas violencia mas narcos.

Aquella consigna "el ajuste cierra con represión " se muestra con todo su dramatismo ...en este contexto de una crisis económica y social sin precedentes el decreto es altamente provocativo y funcional a una espiral ascendente de violencia.

Lo decimos con claridad haciéndonos eco del clamor que hoy se repite de mil maneras "militares en la calle nunca mas".

Grupo sacerdotal Enrique Angelelli.

jueves, 5 de julio de 2018

Aborto, legal o clandestino?


Aborto, legal o clandestino?
Grupo Sacerdotal Enrique Angelelli





El derecho a la vida es un derecho universal y para la ley argentina “la existencia de la persona humana comienza con la concepción”. 
Este “comienzo”indiscutible no impide pensar que por razones graves y fundadas, quienes así lo deseen, puedan interrumpir ese proceso. 
Por otra parte las cifras de los abortos clandestinos y sus secuelas, son alarmantes. Producen muerte o daños irreversibles en gran cantidad de casos, fundamentalmente entre mujeres pobres y jóvenes, lo que no sucede con aquellas que pueden pagar para garantizar el resguardo de la salud. Y esto genera una grave situación de inequidad social. 
Ante esta realidad se está reclamando una ley, ya votada favorablemente en la Cámara de Diputados, que permita la interrupción del embarazo cuando la mujer que está gestando lo requiera y que esta práctica esté legalmente establecida. 
Es evidente que el Código Penal que legisla sobre este tema, no ha alcanzado para resolver la existencia de los abortos ni sus nefastas consecuencias. Quienes recurren al aborto tendrán la posibilidad de hacerlo de manera legal, asegurando los cuidados terapéuticos que requiere semejante intervención y protegiendo la integridad física de la mujer. 
Nadie, razonablemente desea el aborto, situación compleja, dura y que deja marcas en la vida. Pero si podemos reclamar una ley que permita para quien lo solicite, la interrupción del embarazo con asistencia del Estado. 
Quienes no comparten el recurso al aborto, no pueden imponer sus criterios y convicciones a quienes lo piensan y lo viven de otra manera. 
Estamos en un mundo plural, donde es necesario aceptar la diversidad de posturas y opciones, aún ante cuestiones tan complejas como esta. 
La Iglesia católica, por otra parte, debe asumir que la cristiandad ya terminó; que ella ya no tiene el rol de rectora de las decisiones del conjunto de la sociedad; que en un mundo plural es imprescindible la convivencia armónica de la diversidad de opciones filosóficas, morales, religiosas; y que el Estado debe garantizar los derechos reclamados desde cualquier sector o colectivo socialmente representativo, siempre con miras al bien común. 
No contribuye a construir sociedad una postura dogmática que se encierra en los principios sin buscar la integración de ellos con la realidad y las problemáticas de cada momento. 
No se entienden tampoco esa suerte de “cruzadas” católicas, o también evangélicas, varias veces repetidas en la historia argentina, y que esta vez en nombre de la defensa de toda vida, pueden terminan siendo solo una demostración de fuerzas en franca pugna con quienes se han manifestado reclamando la legalización del aborto. 
La bandera de la defensa de “las dos vidas”, de la madre y del niño, no da respuesta a los planteos que dan origen a la propuesta de la nueva ley y termina favoreciendo la clandestinidad. 
Ante esto hay otros desafíos que son verdaderamente urgentes y que de verdad pueden aportar a una profunda defensa de la vida en el sentido más amplio: 
Garantizar un sistema de salud pública de calidad en todos sus aspectos; Insistir en la educación sexual, exigida por ley, en todos los ámbitos educativos, públicos o de gestión privada, formando sobre las responsabilidades respecto a la propia persona, incluida la sexualidad; Que también se clarifique sobre derechos y deberes del varón, ya que no puede apartarse a la hora de una decisión de la mujer sobre su embarazo. Reclamar a iglesias y religiones que repiensen sus posturas ante la sexualidad y la mujer; Que se instruya sobre los métodos seguros para una anticoncepción responsable; Que se reconozca la hipocresía de querer salvar la vida de un embrión si no se lucha denodadamente por salvar las vidas todas, en un sistema global de exclusión, empobrecimiento y destrucción masiva, por el hambre, las guerras, las invasiones, la destrucción del planeta y sus bienes naturales. 
Nos parece que esta consigna es suficientemente clara: Educación Sexual para decidir, Anticonceptivos para no abortar, Aborto legal para no morir. 
Sin pretender haberlo dicho todo respecto al tema, solo si se profundiza en estas cuestiones sin prejuicios ni reduccionismos, haremos el mejor aporte a la defensa de la vida, y vida digna, en todas sus etapas. 

Grupo Sacerdotal Enrique Angelelli - Córdoba, Julio 2018 -

domingo, 24 de diciembre de 2017



Navidad es combatir
lo demás, son adornos.




Navidad es combatir

a los prepotentes
a los traidores
a los explotadores
a los cómplices
a los imperios
a los que hieren
a los claudicantes
a los cínicos
a los perversos
a los siniestros
a los abusadores
a los que humillan
a los que lastiman
a los que matan


Combatir

con sabiduría
con astucia
con creatividad
con paciencia
con lucha
con otros
con otras
con ternura
con elocuencia
con tenacidad
con porfía
con pasión
con garras
con sangre

Todo lo demás, son adornos.


Al líder mesiánico de la liberación de su pueblo, Jesús.

lunes, 16 de octubre de 2017

Sacerdotes de Córdoba advierten Cambiemos es caminar hacia el abismo

Sacerdotes de Córdoba advierten

Cambiemos es caminar hacia el abismo




En el altar de los ídolos
La mentirosa promesa

Porque no votar a Cambiemos 


Queremos ser fieles al Evangelio que claramente denuncia la idolatría del dinero.

Es una cuestión de fe y de realidad.

Nos parece importante recordar que la Enseñanza Social de la Iglesia, ha dicho con claridad que los sistemas económicos que ponen la prioridad en el dinero, en el capital (sobre todo el especulativo) y no en el hombre, el trabajo, no son coherentes con el Evangelio. 

Últimamente, el Papa Francisco, lo ha señalado también con mucha claridad y clama por un nuevo orden económico mundial. 

En nuestro país el sistema o estructura económica que lleva adelante Cambiemos, prioriza la ganancia de la especulación financiera en detrimento del trabajo y por lo tanto de la persona humana. 

Sabemos que muchos ciudadanos creen ciegamente en la promesa de un futuro mejor, y por eso eligen a los legisladores de Cambiemos. 

Es una promesa seductora, tan seductora como mentirosa. Falsa. Ya lo vivimos en Argentina, fueron las vanas ilusiones de los años 90 que terminaron con muertos, saqueos y “que se vayan todos”. 

Muchos ciudadanos son atraídos, hechizados constantemente, a través de un fuerte aparato mediático. 

Es casi una hipnosis: “vamos a estar mejor”. 

Como cristianos nos vemos en la obligación de denunciar a los falsos profetas de un bienestar y felicidad porque es una trampa mortal.

No podemos callar. 

Cada uno elige según su conciencia y por eso debe ser una conciencia lo más lúcida posible. 

Para nosotros, votar a Cambiemos, es elegir una falacia que nos hará mucho daño. Una trampa mortal.

Como ya lo advirtiera Jesús, no se puede servir a "dos señores"... o Dios, o el dinero. 

Idolatría, nunca más.

Sacerdotes Grupo Cura Vasco
Sacerdotes Grupo Enrique Angelelli

Octubre 2017