martes, 5 de marzo de 2013

La Transfiguración Comentarios rápidos

La "Transfiguración" Comentarios rápidos... El texto de la Transfiguración de Jesús está en un lugar decisivo. Jesús a anunciado que seguramente será traicionado, entregado y asesinado. Y se acerca la decisión final: entrar a Jerusalén. No hay lugar a dudas, Jesús va a enfrentar el poder judío y el poder romano con su cuerpo, arriesgando su vida. Los discípulos entienden a medias esta decisión y no terminan de entender los riesgos de la situación. La Transfiguración viene a confirmarles que Dios no está ni en los judíos ni en los romanos, está en Jesús. Es más, se trata del "hijo, del elegido". No es el sumo sacerdote el hijo de Dios, ni es el emperador el hijo de Dios, es Jesús. Esto quiere decir que todo "hijo de hombre" es hijo de Dios, como Jesús. Y ese Dios se manifiesta fuera del templo , fuera de Jerusalén, se manifiesta en la montaña. Ya no hay rituales sacerdotales que garanticen la "presencia" de Dios, al contrario, a Dios se lo encuentra en la "montaña", fuera de la ciudad, en las periferias. La "blancura fulgurante" del vestido de Jesús es un signo de victoria. El será el que triunfa. Es signo de la vida que no se detiene, que resucita. Recordemos a los hombres del sepulcro que anuncian a Jesús resucitado con "vestidos resplandecientes". Y ese triunfo es liberación, la presencia de "Moisés" anuncia al "nuevo Moisés". Es probable que a los primeros cristianos les costara dejar atrás a los dioses de los templos y de los palacios, a los dioses que brillan de oro y planta. Y es probable que ante las persecuciones hayan sentido miedo y desesperanza. La Transfiguración fue un texto para alentar la esperanza. Dios está con los que combaten en la montaña. Los riesgos existen, pero la certeza de la presencia del Dios liberador también. Los mártires son aquellos que han entendido y sentido la Transfiguación con sus vidas. Ante el desencanto, los temores, las desazones... la certeza de la Transfiguración Solo resplandece el que lucha y persevera.

sábado, 16 de febrero de 2013

¿Qué Papa podemos esperar, que no sea un Benedicto XVII? Entrevista a Leonardo Boff

¿Qué Papa podemos esperar, que no sea un Benedicto XVII? 2013-02-16 1. ¿Cómo recibió usted la renuncia de Benedicto XVI? R/ Yo desde el principio sentía mucha pena por él, pues por lo que conocía, especialmente de su timidez, imaginaba el esfuerzo que debería hacer para saludar al pueblo, abrazar a las personas, besar a los niños. Estaba convencido de que un día él aprovecharía alguna ocasión sensata, como los límites físicos de su salud y el menor vigor mental, para renunciar. Aunque se mostró como un papa autoritario, no estaba apegado al cargo de papa. Me sentí aliviado porque la Iglesia está sin un líder espiritual que suscite esperanza y ánimo. Necesitamos otro perfil de papa más pastor que profesor, no un hombre de la Iglesia-institución sino un representante de Jesús que dijo: “si alguien viene a mí, no le echaré fuera” (Evangelio de Juan 6,37), podía ser un homoafectivo, una prostituta, un transexual. 2. ¿Cómo es la personalidad de Benedicto XVI ya que usted mantuvo cierta amistad con él? R/ Conocí a Benedicto XVI en mis años de doctorado en Alemania entre 1965-1970. Oí muchas conferencias de él pero no fui alumno suyo. Él leyó mi tesis doctoral: “El lugar de la Iglesia en el mundo secularizado” y le gustó mucho hasta el punto de buscar una editorial para publicarla, un tocho de 500 páginas. Después trabajamos juntos en la revista internacional Concilium, cuyos directores se reunían todos los años en la semana de Pentecostés en algún lugar de Europa. Yo la editaba en portugués. Esto fue entre 1975-1980. Mientras los demás hacían la siesta, él y yo paseábamos y conversábamos sobre temas de teología, sobre la fe en América Latina, especialmente sobre San Buenaventura y San Agustín, de los cuales él es especialista y a los que yo hasta hoy frecuento a menudo. Después en 1984 nos encontramos en un momento conflictivo: él como juez mío en el proceso del ex-Santo Oficio movido contra mi libro Iglesia: carisma y poder(Vozes 1981. Sal Terrae 1982). Ahí tuve que sentarme en la silla donde, entre otros, se sentaron Galileo y Giordano Bruno. Me sometió a un tiempo de “silencio obsequioso”, tuve que dejar la cátedra y me fue prohibido publicar cualquier cosa. Después de esto nunca más nos volvimos a encontrar. Como persona es finísimo, tímido y extremadamente inteligente. 3. Como cardenal fue su Inquisidor después de haber sido su amigo: ¿cómo vio usted esta situación? R/ Cuando fue nombrado Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Inquisición) me sentí sumamente feliz. Pensaba: finalmente tendremos un teólogo al frente de una institución con la peor fama que se pueda imaginar. Quince días después me respondió agradeciendo y decía: creo que hay aquí en la Congregación varios asuntos suyos pendientes y tenemos que resolverlos. Y es que prácticamente cada vez que publicaba un libro llegaban de Roma preguntas de aclaración que yo me demoraba en responder. Pero de Roma no viene nada que no haya sido enviado antes a Roma. Aquí en Brasil había obispos conservadores y perseguidores de teólogos de la liberación que enviaban las quejas de su ignorancia teológica a Roma con el pretexto de que mi teología podría hacer daño a los fieles. Ahí me di cuenta de que él ya había sido contaminado por el bacilo romano que hace que todos los que trabajan en el Vaticano rápidamente encuentren mil razones para ser moderados y hasta conservadores. Y entonces más que sorprendido quedé verdaderamente decepcionado. 4. ¿Cómo recibió el castigo del “silencio obsequioso”? R/ Tras el interrogatorio y la lectura de mi defensa escrita que está como anexo en la nueva edición de Iglesia; carisma y poder (Record 2008) son 13 los cardenales que opinan y deciden. Ratzinger es solo uno de ellos. Después someten la decisión al papa. Creo que el suyo fue un voto discrepante del de la mayoría, porque conocía otros libros míos de teología, traducidos al alemán, y me había dicho que le habían gustado e incluso una vez, delante del papa en una audiencia en Roma, hizo una referencia elogiosa. Yo recibí el “silencio obsequioso” como lo haría un cristiano ligado a la Iglesia: lo acogí con calma. Recuerdo que dije: “es mejor caminar con la Iglesia que solo con mi teología”. Para mí fue relativamente fácil aceptar la imposición porque la Presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, en portugués) siempre me había apoyado y dos de sus cardenales, don Aloysio Lorscheider y don Paulo Evaristo Arns, me acompañaron a Roma y participaron, en una segunda parte, del diálogo con el cardenal Ratzinger y conmigo. Ahí éramos tres contra uno. Algunas veces pusimos al cardenal Ratzinger en aprietos pues los cardenales brasileros le aseguraban que las críticas contra la teología de la liberación que él había hecho en un documento recientemente publicado eran eco de los detractores y no un análisis objetivo. Y pidieron un nuevo documento positivo. Él acogió la idea y realmente lo hizo dos años más tarde. Y nos pidieron también, a mí y a mi hermano Clodovis que estaba en Roma, que escribiésemos un esquema y lo entregásemos en la Sagrada Congregación. En un día y una noche lo hicimos y lo entregamos. 5. Usted dejó la Iglesia en 1992. ¿Le quedó alguna amargura de todo el affaire del Vaticano? R/ Yo nunca dejé la Iglesia. Dejé una función dentro de ella, que es la de sacerdote. Seguí como teólogo y profesor de teología en varias cátedras, aquí y fuera del país. Quien entiende la lógica de un sistema cerrado y autoritario, poco abierto al mundo, que no cultiva el diálogo y el intercambio (los sistemas vivos viven en la medida en que se abren e intercambian) sabe que si alguien como yo no se alínea plenamente a tal sistema será vigilado, controlado y eventualmente castigado. Es similar al sistema de la seguridad nacional que hemos conocido en América Latina bajo los regímenes militares de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. Dentro de esta lógica, el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex-Inquisición), el card. J. Ratzinger condenó, silenció, depuso de la cátedra o transfirió a más de cien teólogos. De Brasil fuimos dos: la teóloga Ivone Gebara y yo. Por entender la referida lógica, y lamentarla, sé que están condenados a hacer lo que hacen con la mayor buena voluntad. Pero como Blaise Pascal dijo: “Nunca se hace el mal tan perfectamente como cuando se hace con buena voluntad”. Sólo que esta buena voluntad no es buena, pues crea víctimas. No guardo ningún rencor o resentimiento pues tuve compasión y misericordia de aquellos que se mueven dentro de esta lógica que, a mi modo de ver, está a años-luz de la práctica de Jesús. Además, es cosa del siglo pasado, ya pasado. Y evito volver a ello. 6. ¿Cómo evalúa usted el pontificado de Benedicto XVI? ¿Ha sabido manejar las crisis internas y externas de la Iglesia? R/ Benedicto XVI fue un eminente teólogo, pero un papa frustrado. No tenía el carisma de dirección y animación de la comunidad, como lo tenía Juan Pablo II. Desgraciadamente, será estigmatizado de manera reduccionista como el papado donde aumentaron los pedófilos, los homoafectivos no fueron reconocidos y las mujeres fueron humilladas, como en EE.UU.donde se negó el derecho de ciudadanía a una teóloga por cuestión de género. Y también pasará a la historia como el Papa que criticó fuertemente la teología de la liberación, interpretada a la luz de sus detractores, y no a través de las prácticas pastorales y libertadoras de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que hicieron una opción seria por los pobres contra la pobreza y a favor de la vida y de la libertad. Por esta causa justa y noble fueron mal interpretados por sus hermanos en la fe y muchos de ellos detenidos, torturados y asesinados por los órganos de seguridad del estado militar. Entre ellos se encontraban obispos como el obispo Angelelli de Argentina y el Arzobispo Oscar Romero de El Salvador. Dom Helder fue el mártir que no mataron. Pero la Iglesia es más grande que sus papas y continuará, entre sombras y luces, prestando un servicio a la humanidad, a fin de mantener viva la memoria de Jesús y ofrecer una posible fuente de sentido en la vida más allá de esta vida. Hoy sabemos por los Vatileaks que dentro de la Curia romana están enfrascados en una feroz lucha por el poder, especialmente entre la corriente Bertone, actual Secretario de Estado, y el ex-secretario Sodano, ya emérito. Ambos tienen sus aliados. Bertone, aprovechándose de las limitaciones del papa, construyó prácticamente un gobierno paralelo. Los escándalos de filtración de documentos secretos de la mesa del Papa y del Banco del Vaticano, usado por los millonarios italianos, algunos de la mafia, para lavar dinero y enviarlo fuera, afectaron mucho al Papa. Y se fue aislando cada vez más. Su renuncia se debe a los límites de la edad y de las enfermedades, pero agravadas por estas crisis internas que lo debilitaron y que él no supo o no pudo atajar a tiempo. 7. El Papa Juan XXIII dijo que la Iglesia no puede ser un museo, sino una casa con puertas y ventanas abiertas. ¿Cree usted que Benedicto XVI intentó transfomar la Iglesia de nuevo en algo así como un museo? R/ Benedicto XVI es un nostálgico de la síntesis medieval. Reintrodujo la misa en latín, escogió vestimentas de los papas renacentistas y de otros tiempos pasados, mantuvo los hábitos y ceremoniales palaciegos, a quien iba a comulgar le ofrecía primero el anillo papal para que lo besase y luego le daba la hostia, cosa que ya no se hacía. Su visión era restauracionista y es un nostálgico de una síntesis entre cultura y fe que existe muy visible en su Baviera natal, cosa que él comentaba explícitamente. Cuando en la Universidad donde él estudió, y yo también, en Munich, vió un cartel anunciándome como profesor invitado para dar una conferencia sobre las nuevas fronteras de la teología de la liberación pidió al decano posponerla sine die. Sus ídolos teológicos son san Agustín y san Buenaventura, que mantuvieron siempre gran desconfianza de todo lo que venía del mundo, contaminado por el pecado y necesitado de ser rescatado por la Iglesia. Es una de las razones que explican su oposición a la modernidad a la que ve bajo la óptica del secularismo y el relativismo y fuera del ámbito de influencia del cristianismo, que ayudó a formar Europa. 8. ¿La Iglesia, a su juicio, va a cambiar la doctrina sobre el uso del condón y la moral sexual en general? R/ La Iglesia debe mantener sus convicciones, aquellas que estima irrenunciables como el tema del aborto y la no manipulación de la vida. Pero debería renunciar al estatus de exclusividad, como si fuera la única portadora de la verdad. Debe entenderse dentro del espacio democrático, en el cual su voz se hace oír junto a otras voces. Y las respeta e incluso está dispuesta a aprender de ellas. Y cuando sea derrotada en sus puntos de vista, debería ofrecer su experiencia y tradición para mejorar donde pueda mejorar y aligerar el peso de la existencia. En el fondo, ella tiene que ser más humana, más humilde y tener más fe, en el sentido de no tener miedo. Lo que se opone a la fe no es el ateísmo, sino el miedo. El miedo paraliza y aísla a las personas de los demás. La Iglesia debe caminar junto a la humanidad, porque la humanidad es el verdadero Pueblo de Dios. Ella lo muestra más conscientemente, pero no se apropia exclusivamente de esta realidad. 9. ¿Qué debe hacer el futuro Papa para evitar la emigración de tantos fieles a otras Iglesias, especialmente a las pentecostales? R/ Benedicto frenó la renovación de la Iglesia incentivada por el Concilio Vaticano II. No acepta que haya rupturas en la Iglesia, así que prefirió un punto de vista lineal, reforzando la tradición. Sucede que la tradición del siglo XVIII y XIX se opuso a todos los logros modernos, de la democracia, de la libertad religiosa y otros derechos. Él ha tratado de reducir la Iglesia a una fortaleza para defenderse de estas modernidades y veía el Vaticano como un caballo de Troya a través del cual podían entrar. No negó el Vaticano II, pero lo interpretó a la luz del Concilio Vaticano I, que está centrado en la figura del Papa con poder monárquico, absoluto e infalible. Así que se produjo una gran centralización de todo en Roma, bajo la dirección del Papa que, ¡pobre!, tiene que conducir una población católica del tamaño de la de China. Tal opción ha traído un gran conflicto en la Iglesia e incluso en episcopados enteros, como el alemán y el francés, y ha contaminado la atmósfera interna de la Iglesia con sospechas, creación de grupos, emigración de muchos católicos de la comunidad y acusaciones de relativismo y de magisterio paralelo. En otras palabras, en la Iglesia ya no se vivía una fraternidad franca y abierta, un hogar espiritual común a todos. El perfil del nuevo Papa, en mi opinión, no debe ser la de un hombre de poder y ni un hombre de la institución. Donde hay poder no existe amor y la misericordia desaparece. Debería ser un pastor, cercano a los fieles y a todos los seres humanos, independientemente de su situación moral, política y étnica. Debería tener como lema las palabras de Jesús, que ya he citado: "Si alguno viene a mí, yo no le echaré fuera”, pues Jesús acogía a todos, desde a una prostituta como Magdalena hasta un teólogo como Nicodemo. No debería ser un hombre de Occidente que ahora se ve como un accidente de la historia, sino un hombre del vasto mundo globalizado que sienta pasión por los pobres y el grito de sufrimiento de la Tierra devastada por la avaricia consumista. No debería ser un hombre de certezas sino alguien que animase a todos a buscar los mejores caminos. Lógicamente se orientaría por el Evangelio pero sin espíritu proselitista, con la conciencia de que el Espíritu siempre llega antes que el misionero y el Verbo ilumina a todo hombre que viene a este mundo, como dice el evangelista san Juan. Debería ser un hombre profundamente espiritual y abierto a todos caminos religiosos para juntos mantener viva la llama sagrada que existe en cada persona: la presencia misteriosa de Dios. Y, por último, un hombre de profunda bondad, al estilo del Papa Juan XXIII, con ternura por los humildes y con firmeza profética para denunciar a aquellos que promueven la explotación y hacen de la violencia y de la guerra instrumentos de dominación de los demás y del mundo. Que en las negociaciones que los cardenales hacen en el cónclave y en las tensiones de las tendencias, prevalezca un hombre con este tipo de perfil. Cómo el Espíritu Santo obra ahí es misterio. Él no tiene otra voz ni otra cabeza que las de los cardenales. Que el Espíritu no les falte.

miércoles, 13 de febrero de 2013

El problema no es el papa, sino el papado

El problema no es el papa, sino el papado (J.M. Castillo) Ante la renuncia del papa Benedicto XVI, es importante reflexionar sobre la institución del “papado”. Por supuesto, es bueno analizar y valorar los aciertos y desaciertos que ha tenido el papa Ratzinger. También, y más importante aún, saber elegir al hombre más competente capaz de reemplazarlo en el cargo de Sumo Pontífice. Pero me parece que es mucho más determinante detenerse a pensar lo que significa, no ya este papa o el otro, sino la institución del papado, tal como está organizada y como funciona, sea quien sea el papa que la presida. Vamos a ver: ¿es lo mejor para la Iglesia que todo el poder de una institución, a la que pertenecen más de 1.200 millones de seres humanos, esté concentrado en un solo hombre, sin más limitación que sus propias creencias? Así lo establece el Derecho Canónico. Y así funciona el papado (c. 331; 333; 1404; 1372). El papa quita y pone a los más altos y más bajos cargos de la Curia. Quita y pone a cardenales, obispos y demás cargos eclesiásticos. Y sin tener que dar explicaciones a nadie y sin que nadie le pueda pedir responsabilidades. Esto se mantiene así, sea quien sea el papa reinante, la edad que tenga, la salud que padezca, su mentalidad, sus preferencias y hasta sus posibles manías. Por mucho que la presencia del Espíritu Santo lo inspire. Y por muy sucesor de Pedro que sea, ¿por qué tiene que acumular todo el poder? ¿Dónde está eso dicho? ¿En qué argumentos se basa? El mejor conocedor de toda esta historia, que la Iglesia ha tenido en el último siglo, el cardenal Yves Congar, dejó escrito en su diario personal que todo eso era una manipulación organizada por los intereses de Roma, cuyas raíces llegan hasta el siglo segundo de la historia del cristianismo. En ninguna parte del Nuevo Testamento consta que la Iglesia tenga que estar organizada así, y así tenga que ser gestionada. Y por favor, que nadie me venga con el famoso texto de Mt 16,18-19, donde Jesús dice a Pedro que sobre esa piedra construirá su Iglesia. Porque los mejores estudiosos del evangelio de Mateo aseguran que esas palabras no salieron de boca de Jesús. Es un texto puesto por Mateo en sus labios, y muy posterior al tiempo de Jesús. Me parece importante ver que la Iglesia está, precisamente en estos días, en un momento privilegiado para afrontar sin miedo estas cuestiones, que apuntan a los problemas de fondo que la Iglesia tiene sin resolver. Si no se afrontan y se toman en serio, la Iglesia seguirá perdida (y callada), por muy lúcido y valioso que sea el nuevo papa. Porque, insisto, el problema de la Iglesia no es el papa, es el papado, tal como está organizado y como funciona, sea quien sea el hombre que ocupa el trono papal. J. M. CASTILLO

sábado, 26 de enero de 2013

Desde los pobres ¿Una perspectiva en desuso?

Desde los pobres ¿Una perspectiva en desuso? Pbro. Nicolás Alessio ¿Hemos olvidado en las barriadas militantes y en las academias sesudas aquello que alguna vez pareciera fuera tan importante, como cuando afirmábamos la necesidad de trabajar y soñar “desde” el pueblo, “junto, con y para“ el pueblo ? Quisiéramos que no. El tema de los pobres no es ni fue una “moda”. Se trata de una cuestión ética, mística y política. Por eso esta reflexión. Y nos desafía el primer gran interrogante. ¿Qué significa “desde”? Entendemos que intentar vivir honestamente este “desde” exige diversas sintonías y conflictos . Vamos a desgranar el tema. Territorio y partidas “Yahvé dijo a Abrahán: Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tus padres, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y sé tu una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan” Gen 12, 1-3 Por lo pronto hay una posibilidad geográfica. Para vivir ese “desde” debo desarraigarme. La lógica del misionero clásico. Partir para trabajar en una comunidad africana, asiática, del “primer mundo” a los mundos marginales. O cuando decidimos ir a militar en un barrio empobrecido. Me “pongo” en el lugar, en el territorio, del pobre. Es el presupuesto primero para acceder a “la bendición”. El “bien vivir” señalado por Evo Morales, eso es la “bendición” . Es un paso importante, pero muy pronto nos damos cuenta que es insuficiente y ambiguo. Hay muchas maneras de “estar” entre los pobres y no siempre a su favor. Algunos, se embarran en el territorio de los pobres, con cierto voluntarismo inocente. Otros para utilizarlos, manipularlos, explotarlos. Estos, con la deliberada intención de “servirse” de los excluidos, y los otros, por incapacidad o ingenuidad. Debemos reconocer que muchos militantes sociales, religiosos, políticos, cuando llegan al territorio del los pobres, llegan sin tomar conciencia de ello, como “conquistadores”, con todas las respuestas a las preguntas y necesidades que, se supone, tienen los pobres. O simplemente se llegan a la casa del pobre para hacer, un “trabajo de campo”, exigido por la cátedra que les dará el título de “trabajador social” o el prestigio de una importante investigación. O, cuando no, el trabajo clientelar del puntero barrial, también manipulado por los dueños del aparato partidario. La sintonía territorial, cuando es vivida sinceramente, es encarnación. Lo que exige empezar un sano destierro de la propia cosmovisión. Se trata de ir dejando seguridades, estabilidades, para “tocar” el suelo de los pobres . Una actitud de permanente “partida”. También debemos advertir que, la presencia física, cómo hábitat permanente, no es condición necesaria para vivir el “desde”. Sería una ingenuidad romántica que todos nos fuéramos a vivir a una villa miseria, a una favela. Los pobres no necesitan que les “ocupemos” físicamente el territorio. El “estar” en el “lugar” de las víctimas tiene que ver con opciones, actitudes, afinidades, acentos, prácticas, pertenencias y, obviamente, asumir la historia de sus luchas y desvelos. Miradas y voces “...se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: -Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Si Padre, pues tal ha sido tu gusto-” Lc 10, 21 Aquí se trata de observar la realidad como la observan los pobres. Mirar con los ojos de otros. Mirar desde sus perspectivas. Esta mirada es la que permite “entender” a los pobres. No siempre los comprendemos, muchas veces los justificamos, los disculpamos, o simplemente los soportamos. Mirar la realidad con otra mirada es también enriquecer nuestros criterios analíticos y, muchas veces, convertir nuestra “inteligencia”. Asumir la “racionalidad” del diferente. Es otra manera de conocer y dejarse ganar el corazón. Hay una “luz” diferente en los ojos de los pobres. Aquello de la “sabiduría popular” no es una frase vacía. Aquí debemos renunciar a nuestras seguridades estudiadas, dejarnos cuestionar, aquí debemos aprender a ser discípulos. Aquí se relativizan nuestros títulos, cursos, experiencias, o haberes teóricos. No los negamos, somos lo que somos, pero los flexibilizamos. Se nos exige audacia gnoseológica y una honda capacidad de autocrítica. Además de “tocar” el suelo de los pobres, se trata de ver lo que ellos ven, de oír lo que ellos oyen, de decir lo que ellos dicen. Hay que descifrar el lenguaje, el texto, el relato del pobre. Hay que gustar sus narraciones, dichos, sentencias. El mundo del pobre es hoy complejo y dinámico, plurifacético y versátil. Hay que estar muy alertas para no cosificar una pretendida “identidad” de los pobres. Debemos empezar a dejar de ser su voz porque tienen su propia palabra, múltiples palabras. Esas palabras deben ser pronunciadas. Hay una hermenéutica desde las culturas del pobre que debemos hacer nuestra. Afectos y heridas “¿Qué quieres que haga? El le dijo: -Señor, que vea-“ Lc 18, 41 El querer de los pobres debería ser nuestro querer. ¿Qué quieren los pobres? ¿Cuáles son sus anhelos, sueños, esperanzas, deseos, expectativas? Muchas veces suponemos el querer de los pobres. O lo manipulamos, o lo instrumentalizamos, o lo degradamos. Debemos preguntarles. Debemos oírlos. Debemos oír sus silencios y su riquísimo mundo gestual. Debemos saber que muchas veces dicen lo que nosotros queremos oír y no dicen lo que realmente sienten. Porque saben de nuestras tareas y taras. Ya han memorizado nuestros discursos. Ya han padecido nuestras “solidaridades”, nuestros “programas sociales” o nuestras “redes de contención”. Se trata de discernir el hambre y la sed de los pobres. Se trata de auscultar sus vísceras. Se trata de entender que muchas veces aspiran en otro compás. Sus respiros no son los nuestros. El suspiro es diferente. Ni sus melodías, ni sus ritmos son los nuestros. Este querer de los pobres, nutrido desde las barricadas, también tiene que ver con sus tristezas, sus angustias, sus dolores. Se trata de reconocer, entender y sentir las heridas en la piel de los pobres. El don de fiesta de los pobres no debe confundirnos. La fiesta es una pausa, un permiso para gozar de tanto en tanto. Un gesto de desobediencia para los prudentes, de resistencia en el socavón, pero no alcanza para ni siquiera maquillar la desventura. Sintonizar con los afectos de los pobres es sintonizar con sus lastimaduras sin pretender “sublimar” su dramaticidad. Casa y olores “Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: -Ahí tienen a un comilón y a un borracho, amigo de publicanos y pecadores-” Mt. 11, 19 La pobreza no es atractiva. La pobreza, la exclusión, es insoportable, desagradable, molesta. No hay ninguna posibilidad de vivir el “desde”, sin la capacidad de oler lo que huelen los pobres. De comer y beber lo que ellos beben. La pobreza es promiscuidad, es contaminación, es violencia, es mugre, es delincuencia, es degradación. No hay que idealizar la casa de los pobres ni a los pobres. No es lindo vivir de los desperdicios. Trabajar, vivir, sentir “desde” es hacernos cargo de estas miserias. A veces intentamos perfumar a los pobres. Porque nos cuesta tolerar lo intolerable. La comida de los pobres es agria y escasa. Tal vez, cuando solo vamos a reunirnos con los pobres, no percibimos tanta vulnerabilidad. Porque ese día, cuando son visitados, ellos mismos tratan de disimular la pobreza, porque nadie saborea a gusto la indigencia. En esta sintonía se puede vivir un “desde” que sea realmente político, liberador. Porque entenderemos la tragedia de aquellos que son víctimas y será insoportable poner solo anestésicos a tanta locura. Aquí reside la mística fundamental . Y nos daremos cuenta que las limosnas, las migajas, si no van acompañadas de una aguerrida búsqueda de transformación política, es solo autocomplacencia. Es cierto que dar el vaso de agua al sediento no quedará sin recompensa, pero debemos evitar que alguien acapare el agua. Por eso no se trata de ser peregrinos en los suburbios, se trata de quedarse, de permanecer, de poner nuestra carpa en los basurales. Se trata de pasar de los “derechos humanos” a secas, al “derecho de los pobres”. Búsquedas y corazonadas “...donde esté tu tesoro, estará también tu corazón...” Lc 12, 33-34 El territorio, la mirada, la casa, los olores, los textos, el ethos de los pobres, hay que buscarlo. Escudriñarlo en el lento discurrir del tiempo. Tiempo de encuentros y desencuentros. Un tiempo para cada cosa. Hay metodologías, hay técnicas, hay recursos, hay una pedagogía para este abordaje. Pero son solo instrumentos. Absolutamente válidos. Pero instrumentos. La encarnación en el mundo de los pobres no es el resultado de una buena técnica o de una prolija programación, supone ética y mística. La sintonía con la risa y el llanto de los últimos no es el resultado de una eficaz investigación. Se trata de connaturalidad, se trata de hondura espiritual. Se trata de vibraciones en común. Se trata de armonías dialécticas. Se trata de biorritmos afines. No se trata solo de estrategias, se trata de ética política. No se trata de recursos económicos, se trata de presencia. Se trata de “estar-sintiendo”. Y para ese “estar-sintiendo” hay que desnudarse, a tiempo y destiempo. Se trata de vivir en el margen, en la cornisa, se trata de respirar e inspirar otras sales y otros dulces. Se trata de “quitarse las sandalias” para pisar un territorio donde, de una manera particular, los dioses y las diosas merodean. Una tierra ensangrentada que debe ser besada con unción. Se trata de esa porfía porfiada que siente y sabe que desde el perdido, el desanimado, el que quedó herido al margen de los caminos, desde los que se encuentran en plazas vacías, en los cruces de los caminos, las víctimas, los miserables, expoliados, negros, nativos, homosexuales, diferentes y avergonzados podemos encontrar, descubrir, percibir, retazos de vida, savia, fibras, energías, colores, texturas y nuevos perfumes. Entonces… Hubo un tiempo de más pobres. Otro de menos pobres. Y un debate interminable de cifras, estadísticas, censos. La pregunta por el “¿cuántos son?”. Puede ser una pregunta importante. Pero también puede ser una pregunta para no hacernos cargo. Los pobres existen, comen, duermen y hacen el amor entre nosotros. Por eso insistimos, el “desde” no es, no fue, ni será una moda setentista tercermundista. Es un imperativo ético y político. Entonces sí, vivida de esa manera, desde esa territorialidad del “estar sintiendo”, se podrá alumbrar otra sociedad posible, otro Abya Yala posible, otro mundo posible, ó, al menos, no dejar de intentarlo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Comentario del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres ante el Mensaje al pueblo de la patria difundido ayer por la Conferencia Episcopal Argentina

Comentario del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres ante el Mensaje al pueblo de la patria difundido ayer por la Conferencia Episcopal Argentina: Unos 400 laicos, a raíz de las declaraciones del genocida, ex-general Videla, enviaron recientemente una carta a la Conferencia Episcopal Argentina. En ella formulan una serie de reclamos, todos importantes. La carta fue recibida en mano por el presidente de la Conferencia Episcopal, el que además, recibió luego a un grupo de esos laicos delegados para presentarla y explicar su génesis y el sentido de sus reclamos. Así se convino esperar la reunión de la Asamblea episcopal, donde él presentaría la carta. Probablemente en respuesta a ella, aunque no se la mencione, los obispos argentinos hacen llegar ayer un mensaje al pueblo de la Patria. Es ante este texto, que consideramos pobre e insuficiente, que quisiéramos señalar algunos aspectos que nos parecen importantes . Es evidente que todo hecho u omisión debe entenderse en su contexto, y de ello surgen atenuantes y agravantes. Eso ocurre en todos los órdenes de la vida; pero destacar dentro del contexto la "violencia guerrillera" pone -una vez más- un documento episcopal en el marco de la teoría de los dos demonios, teoría que rechazamos sin ninguna duda ya que hubo un solo "demonio" que fue el terrorismo de estado. . Las declaraciones del genocida Videla fueron bastante más allá del reconocimiento de una connivencia entre la conducción facciosa del Estado y la cúpula eclesiástica. Connivencia que no rechazaríamos tan livianamente como afirma mons. Arancedo, pero que supone muchas otras instancias que no son tenidas en cuenta en el documento. . A la pregunta de cuánto sabían sus "hermanos mayores", los obispos de tiempos de la dictadura, no hace falta demasiada investigación. Allí están los discursos de mons. Bonamín, mons. Plaza, mons. Tortolo (presidente de la CEA, elegido por sus "hermanos", por si hiciera falta recordarlo), por nombrar sólo los más emblemáticos. Aunque la lista podría fácilmente prolongarse en bastantes nombres más. . La cita de algunos párrafos nos parece insuficiente y limitado. Res non verba, decían los antiguos. No son algunas pocas palabras lo que se les cuestiona. Pueden haber dicho una palabra en 1972 contra la tortura (no hubiera estado mal repetirla en 1976), pero sabemos bien que fueron muchas las voces eclesiásticas episcopales o presbiterales que justificaron la tortura públicamente como un "mal menor", e incluso participaron de las mismas. No se entiende el tibio y limitado pedido de perdón del año 2000 si realmente creen que hicieron todo lo debido y necesario. No se entiende el silencio de los nombres de nuestros mártires desaparecidos, asesinados o torturados, como el Obispo Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Carlos Bustos, Pablo Gazzarri, Mauricio Silva, Orlando Yorio, Francisco Jálics, Wenceslao Pedernera, Alice Domon, Leoníe Duquet y tantos otros, si el supuesto pedido de perdón se pretende serio y responsable. . Somos conscientes que muy pocas instituciones hicieron un mea culpa por su actitud en la dictadura. Faltan empresarios, sindicalistas, periodistas, por mencionar algunos; pero no se trata de especular con el mal de muchos sino de afirmar lo que se espera del pastor: que dé "la vida por sus ovejas". Y algunos de esos mártires silenciados, así lo hicieron, por cierto. . Sin dudas hay heridas abiertas, pero en muchos casos, heridas que declaraciones episcopales no han hecho nada por cerrar, porque cuando se avanza en los juicios, se escuchan voces que hablan de reconciliación, de perdón, deslizando la idea implícita de que los juicios son motivados por venganza o revanchismo, desdiciendo todo lo que han afirmado de "la verdad y la justicia", para empezar. Nos gustaría una cercanía fraterna de los obispos con los organismos de Derechos Humanos que siguen luchando por la verdad, la memoria y la justicia en especial las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como en su momento lo hicieron con cariño y valentía Jorge Novak y Jaime de Nevares. Hoy -como ayer- más bien percibimos distancia. . Decir que "...reiteramos el pedido de perdón a quienes no hayamos...", es algo vano y falaz. El pedido de perdón debe ser concreto, por esto o por lo otro. Ninguno de nosotros aceptaría una confesión tan genérica sin reconocimiento concreto de las faltas o delitos cometidos. Así dicho simplemente es un pedido de perdón inexistente. . Es indispensable que se acepten y se apoyen las investigaciones de aquellos tiempos, especialmente cuando se negó que en la CEA hubiera archivos. Hoy hay libros bastante documentados sobre este y otros temas semejantes, afortunadamente. No olvidamos que ante todo somos ciudadanos de la Patria que reclama justicia, y esperamos que todos los miembros de la Iglesia -obispos incluidos, por cierto- colaboren en todo con la justicia, se acerquen a aportar toda la información disponible, y acepten los fallos correspondientes para cerrar heridas no desde el olvido y la impunidad, sino desde la verdad y la justicia que tanto proclamamos. . Nos parece muy insuficiente la declaración sobre los niños apropiados, porque no se trata sólo de exhortar, o de recordarles a los responsables que están moralmente obligados a declarar. Es sabido que la mayoría de los niños apropiados lo fueron (y en algunos casos con apoyo de instituciones católicas) para dar los niños a familias "occidentales y cristianas". En el texto se extraña que -con toda la firmeza y la autoridad de pastores- no exijan a los llamados cristianos a que den todos los datos que posean sobre los desaparecidos o niños apropiados ilegalmente para el reconocimiento de la verdad y la identidad, o para que tantas familias puedan hacer el luto y dar -al menos interiormente- cristiana sepultura a sus familiares asesinados. . Lamentamos el silencio acerca de la gravedad del tema de los capellanes militares y su actitud claramente cómplice con el genocidio. El caso del condenado por la justicia Christian von Wernich, que no fue suspendido en sus licencias o expulsado del ministerio, es emblemático, y sigue siendo un pecado que clama al cielo encubierto por un silencio escandaloso. Mientras tanto, Videla sigue comulgando y lo dice abiertamente a pesar de haber reconocido públicamente su delito que parece no ser entendido como pecado. . En ese sentido, debemos confesar que nos escandaliza que ante la sociedad parezca que usar preservativo sea más grave que la tortura; que el sexo pre-matrimonial sea más grave que violar mujeres detenidas-desaparecidas; que engendrar hijos fuera del sacramento del matrimonio sea más grave que apropiarse niños después de tirar al mar a sus padres, que la homosexualidad es una enfermedad perversa y más grave que ser un torturador o presenciar con sadismo y complicidad sesiones de tortura, que el aborto de una mujer angustiada en su situación de embarazo no deseado o provocado sea tenido por genocidio y como algo mucho más grave que arrojar personas vivas al mar, atadas, dopadas, y secuestradas. Lamentamos que una vez más, nuestros hermanos obispos perdieran la oportunidad de mirar la cara a la sociedad sanguinolenta al borde del camino y expresaran un sincero pedido de perdón, un reconocimiento de su pasado y un deseo concreto de reparación ante la muerte y el genocidio. Tanta reticencia durante años a llamar las cosas por su nombre no nos permite confiar plenamente como quisiéramos en la efectividad de estas declaraciones. Secretariado del Grupo de Curas en Opción por los Pobres Pbro. Juan Carlos Baigorri Pbro. Marcelo Ciaramella Pbro. Roberto Murall Pbro. Eduardo de la Serna

martes, 30 de octubre de 2012

Experiencias eclesiales latinoamericanas populares

POR UNA IGLESIA POBRE, PROFÉTICA, POPULAR Y LIBERADORA COMUNIDAD FEBE, ARGENTINA, CORDOBA, CELEBRANDO LA RECONCILIACION Y EL BAUTISMO

jueves, 4 de octubre de 2012

Declaración de curas, religiosos, cristianos y no cristianos ante la próxima marcha ("cacerolazo")

Declaración de curas, religiosos, cristianos y no cristianos ante la próxima marcha Presentan, Pbros. Eduardo de la Serna, Marcelo Ciaramella, Roberto Murall, Juan Carlos Baigorrí Días pasados, un grupo muy numeroso de personas se movilizó manifestando diferentes críticas al gobierno nacional. El éxito de la marcha alentó a los organizadores a preparar una nueva manifestación para los próximos días. Frente a esto, nuestro compromiso a favor de los pobres nos invita a dar nuestra opinión: 1. Nos parece muy positivo que la población se manifieste activamente para expresar acuerdos o desacuerdos. La desmovilización y despolitización fue heredera del miedo impuesto por la dictadura de fines de los años 70 y se vio reforzada por las políticas de la década de los 90; 2. Lamentamos de la marcha pasada, y alentamos a los organizadores a evitarlo en las eventuales marchas subsiguientes, toda manifestación violenta, desde banderas nazis hasta cánticos deseando la muerte a la presidenta, la falta de respeto a las Madres y Abuelas, el desprecio profundo a los pobres o cosas semejantes, de las cuales no hemos escuchado rechazo por parte de organizadores u opositores. Nos parece que esas manifestaciones desvirtúan toda propuesta o crítica si pretende ser constructiva, lo que en principio desearíamos. A la vez, cuestionamos el generalizaciones indiscriminadas o el "ninguneo" a toda crítica por parte de sectores del oficialismo; 3. Repudiamos sin el más mínimo atisbo de duda cualquier declaración que aluda al actual gobierno como "dictadura". Se podrá manifestar desacuerdo con diferentes medidas, y es justo expresarse públicamente y acorde a derecho hacerlo, pero una dictadura -como la dictadura cívico-militar que hemos padecido y muchas de cuyas consecuencias todavía padecemos- es algo muy diferente al modo actual de ejercicio del gobierno, gobierno constitucional que además fue elegido recientemente con el 54% de los votos; 4. Lamentamos que las más variadas -y hasta opuestas- críticas al gobierno confluyan en una misma marcha, ya que de ese modo no es claro qué es lo que se propone o contra qué medida específica de gobierno se manifiesta y si los reclamos son veraces o deformados. En esas condiciones no es fácil el diálogo o el debate, ya que no se entiende qué aspecto se quiere resaltar o con cuál se quiere debatir; 5. Invitamos a los organizadores a expresar públicamente una "profesión de fe" democrática para desalentar cualquier amago de actitud destituyente, que siempre estará sobrevolando en estos actos, y que algunos medios alientan; 6. Invitamos, finalmente, tanto a los organizadores como a los participantes, a mirar con grandeza, dejando de lado eventuales actitudes y reclamos preocupados únicamente con su propio bienestar, comodidad o deseos, y a mirar con equidad particularmente las medidas de gobierno o propuestas políticas que más beneficien a los pobres, teniendo en cuenta a los más desfavorecidos de la sociedad en la actual situación internacional y según las actuales posibilidades concretas. Firmas Setiembre 2012