TEOLOGO JON SOBRINO
RESPONDE A LA NOTIFICACIÓN DEL
VATICANO
“La razón fundamental” es que “Un buen número de teólogos han leído mis dos libros antes de que fuese publicado
el texto de la Congregación de la fe de 2004” surgiendo que el “juicio unánime es que en mis dos libros no hay nada que no sea compatible con la fe de la Iglesia”.
Los libros mencionados son “Jesucristo liberador”, publicado en español en 1991, traducido al portugués,
inglés, alemán e italiano y “La fe en Jesucristo”, 1999, traducido al portugués, inglés e italiano.
Ambos textos fueron leídos por presbíteros, obispos que Sobrino engloban diciendo que “Todos estos teólogos
son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables” quienes “no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas” por lo que “Entonces no puedo comprender cómo la
notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria”
Dada esa situación, Sobrino expresa que “no me siento representado en absoluto en el juicio global de la
notificatio” y. “Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados” Luego, el cuestionado teólogo recuerda a su Superior que desde 1975 tuvo que contestar a la Congregación para la Educación católica, bajo el cardenal Garrone; a partir de 1976, a la Congregación de la Fe, “primero bajo el cardenal Seper y después, varias veces, bajo el Cardenal Ratzinger” expresando que fue animado a responder por el P. Arrupe, quien siendo Superior de los Jesuitas renovó esa orden hacia un compromiso mas definido, como también de parte del P. Vincent O’Keefe, vicario general, y el P. Paolo Dezza, delegado papal, quienes le dieron a entender que “el modo de proceder de las curias vaticanas no siempre se distinguía por ser honrado y muy evangélico”.
Sobrino explica “que desde muy pronto se creó un ambiente en el Vaticano, en varias curias diocesanas y entre
varios obispos, en contra de mi teología y, en general, contra la teología de la liberación” generándose un ambiente en contra de su pensamiento “a priori, sin necesidad de leer muchas veces mis escritos” Para comprender la difícil
situación “en que estamos”, menciona “algunos hechos significativos” porque siente que no es ético para él “aprobar o apoyar” “con mi firma un modo de proceder poco evangélico, que tiene dimensiones estructurales, en buena medida,
y que está bastante extendido” y que “avalar esos procedimientos para nada ayuda a la Iglesia de Jesús, ni a presentar el rostro de Dios en nuestro mundo, ni a animar al seguimiento de Jesús ni a la ¨lucha crucial de nuestro tiempo”, la fe y la
justicia”
Sobrino cita que Monseñor Romero escribe en su Diario el día 3 de mayo de 1979”: “Visité al P. López Gall… Me
dijo con sencillez de amigo el juicio negativo que se tiene en algunos sectores para con los escritos teológicos de Jon Sobrino” agregando que “Monseñor Romero, pocos meses después me pidió que le escribiera el discurso que
pronunció en la Universidad de Lovaina el 2 de febrero de 1980” recordando que en 1977 ya había redactado para él la segunda carta pastoral “ La Iglesia , cuerpo de Cristo en la historia” y que el discurso de Lovaina que él escribió, a Romero “Le pareció muy bien, lo leyó íntegramente y me lo agradeció”.
Sobre Romero dice que “Creo que mi teología le parecía correcta doctrinalmente -al menos en lo sustancial” y opina
que “Sé muy bien que en el Vaticano un problema para su canonización ha sido mi posible influjo en sus escritos y homilías”
Entre “los hechos significativos”, Sobrino relata que cuando Alfonso López Trujillo fue nombrado cardenal, “dijo
poco después en un grupo, más o menos públicamente, que iba a acabar con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ronaldo Muñoz y Jon Sobrino” siendo “interminables” las historias “de López Trujillo con el P. Ellacuría con Monseñor Romero, y sobre todo conmigo”
También el teólogo se refiere al cardenal Corripio, arzobispo de México, quien en 1983 prohibió la celebración
de un Congreso de Teología organizado por los pasionistas quienes “querían tratar teológicamente el tema de la cruz de Cristo y la de nuestros pueblos” y que invitaron a Jon Sobrino, por lo cual Corripio usó como fundamento para la
suspensión del congreso que Sobrino daría dos conferencias en ese evento.
Entre otros “hechos significativos”, Sobrino se refiere a que en “1987 o 1988, más o menos”, recibió una invitación a hablar a un numeroso grupo de laicos en Argentina, en la diócesis de Mons. Hesayne, con el propósito de revitalizar a los cristianos que habían sufrido durante la dictadura. El aceptó, pero luego recibió una carta de Mons. Hesayne diciéndole “que mi visita a su diócesis había sido objeto de debate en una reunión de la Conferencia Episcopal. El cardenal Primatesta dijo que le parecía muy mal que yo fuese a hablar a Argentina. Monseñor Hesayne, me defendió como persona y defendió mi ortodoxia. Le preguntó al cardenal si había leído algún libro mío, y reconoció que no. Sin embargo, el obispo se vio obligado a cancelar la invitación. Me escribió y se disculpó con mucho cariño y humildad, y me pidió que comprendiese la situación. Le contesté que la comprendía y que le agradecía”.
Sobrino afirma tener la certeza de que “en la reunión de la Conferencia Episcopal le habían dicho a Mons.
Hesayne que tenía que elegir: o invitaba a Jon Sobrino a su diócesis, y el Papa no pasaría por ella en la próxima visita a Argentina, o aceptaba la visita del Papa a su diócesis y Jon Sobrino no podía pasar por allí”
A pesar de esos hechos, y otros, Sobrino cree que esa “mala fama” que le asignaron no es “algo específicamente
personal, sino parte de la campaña contra la teología de la liberación”.
La segunda razón de Sobrino para no aceptar la notificatio “Tiene que ver menos directamente con los documentos
de la Congregación de la fe, y más con el modo de proceder del Vaticano en los últimos 20 ó 30años” durante los cuales “muchos teólogos y teólogas, gente buena, con limitaciones por supuesto, con amor a Jesucristo y a la Iglesia, y con gran amor a los pobres, han sido perseguidos inmisericordemente” agregando que también fueron perseguidos
obispos como Monseñor Romero; Don Helder Camara; Proaño; Don Samuel Ruiz y “sobre todo, han hecho lo posible para que desaparezcan las comunidades de base, los pequeños, los privilegiados de Dios”
“Adherirme a la notificatio, que expresa en buena parte esa campaña y ese modo de proceder, muchas veces
claramente injusto, contra tanta gente buena, siento que sería avalarlo. No quiero pecar de arrogancia, pero no creo que ayudaría a la causa de los pobres de Jesús y de la iglesia de los pobres”, confiesa Sobrino a su Superior.
En el otro apartado, Sobrino se refiere a “Las críticas a mi teología del teólogo Joseph Ratzinger”, un tema
“importante para comprender dónde estamos, aunque no es una razón para no suscribir la notificatio”. Sobrino explicita una serie de afirmaciones textuales del cardenal Joseph Ratzinger sobre su teología concluyendo que “No reconozco mi teología en esta lectura de los textos” y que cree “que el cardenal Ratzinger, en 1984, no entendió a cabalidad la teología de la liberación, ni parece haber aceptado las reflexiones críticas de Juan Luis Segundo, Teología de la liberación”
Además el teólogo comenta que “No es fácil dialogar con la Congregación de la fe. A veces parece imposible. Parece que
está obsesionada por encontrar cualquier limitación o error, o por tener por tal lo que puede ser una conceptualización distinta de alguna verdad de la fe. En mi opinión, hay aquí, en buena medida, ignorancia, prejuicio y obsesión para
acabar con la teología de la liberación. Sinceramente no es fácil dialogar con ese tipo de mentalidad”.
Sobrino finaliza la carta con un cuarto punto sobre “Problemas de fondo importantes” en los cuales analiza temas
como “Los pobres como lugar de hacer teología”; “El misterio de Cristo siempre nos desborda”; “La relacionalidad constitutiva de Jesús con el reino de Dios”; “Jesús es hijo de Dios, la palabra hecha sarx”, entre otros. (PE)
Fuente:
ECUPRES
jueves, 23 de agosto de 2012
jueves, 16 de agosto de 2012
"...lamentamos y abominamos las declaraciones del cura Jorge Luis Hidalgo, de La Pampa, afirmando que Videla no debe pedir perdón, con una retórica militar que es aberrante en un cura...."
Repudio ante recuentes declaraciones
Curas en Opción por los Pobres
Ante ya viejas declaraciones del genocida Jorge R. Videla, la publicación de textos, libros y reportajes, y ahora, ante las lamentables declaraciones de un cura en La Pampa, nos parece que no podemos quedar callados. Se corre el riesgo de creer que toda la Iglesia avala con su palabra o su silencio cómplice semejantes desatinos. Y es por eso que ofrecemos nuestra palabra:
+ Celebramos que se sigan desenvolviendo los juicios por los crímenes de lesa humanidad, y lamentamos aquellos que siguen paralizados o cajoneados. Celebramos una justicia independiente que condena ejemplarmente a los culpables, y declara inocentes a quienes lo son, o de quienes al menos no hay pruebas suficientes.
+ Celebramos los procesos de memoria, verdad y justicia, ya que creemos que ninguna sociedad puede crecer, ser libre y adulta con verdades desaparecidas.
+ Repudiamos las declaraciones del señor Videla, y como miembros plenos de la Iglesia lamentamos el silencio cómplice de ciertas jerarquías, el acompañamiento a prácticas asesinas, y hasta el asesoramiento y bendición del sistema represivo y genocida.
+ En días en que celebramos la reactivación del juicio por la desaparición, torturas y asesinato de nuestros hermanos Gabriel Longevielle y Carlos Murias, y la condena preventiva por el asesinado del padre obispo Enrique Angelelli, tres hermanos en la fe de la Iglesia en La Rioja, lamentamos y abominamos las declaraciones del cura Jorge Luis Hidalgo, de La Pampa, afirmando que Videla no debe pedir perdón, con una retórica militar que es aberrante en un cura.
+ Repudiamos, también, toda reaparición, evidente o disimulada de la "teoría de los dos demonios", en discursos periodísticos, blogs o lo que fuere; algo que no solamente es falso de toda falsedad, sino que además, en nada ayuda a la memoria, la verdad y la justicia.
+ Lamentamos que cierto periodismo obsesionado por enfrentar al gobierno nacional no dimensione que ciertos temas, como los acá señalados, deben ser "temas de Estado", que superen a cualquier gobierno; destacando -además el temor de que -si tuvieran poder o gobierno ciertos sectores o gobernantes- estos pilares de nuestra identidad se verían no sólo seriamente dañados, sino clausurados en nombre de una falsa "reconciliación".
+ Celebramos, finalmente, la recuperación del "nieto 106" a quien hacemos llegar nuestro abrazo fraterno, e invitamos a quien sea que colabore, incite, sugiera a todo aquel o aquella que pudiera ser uno de los centenares de nietos aún buscados, a que no sólo contribuya con un nuevo mojón en la búsqueda de verdad, justicia e identidad, sino que además contribuya a la liberación de un cautivo que, sin saberlo, sigue siendo una víctima más de la dictadura genocida.
En el Evangelio de Juan, Jesús dijo que "la verdad nos hará libres"; a esa verdad pues queremos invitar a todos, a "pedir perdón" por las mentiras que no nos dejan ser libres, y a caminar como hermanos y hermanas de la Patria en busca de más verdad, para que aumente la memoria y con justicia, seamos libres.
Agosto 2012
Nota sobre las repudiables declaraciones del Pbro. Jorge Luis Hidalgo
Curas en Opción por los Pobres
Ante ya viejas declaraciones del genocida Jorge R. Videla, la publicación de textos, libros y reportajes, y ahora, ante las lamentables declaraciones de un cura en La Pampa, nos parece que no podemos quedar callados. Se corre el riesgo de creer que toda la Iglesia avala con su palabra o su silencio cómplice semejantes desatinos. Y es por eso que ofrecemos nuestra palabra:
+ Celebramos que se sigan desenvolviendo los juicios por los crímenes de lesa humanidad, y lamentamos aquellos que siguen paralizados o cajoneados. Celebramos una justicia independiente que condena ejemplarmente a los culpables, y declara inocentes a quienes lo son, o de quienes al menos no hay pruebas suficientes.
+ Celebramos los procesos de memoria, verdad y justicia, ya que creemos que ninguna sociedad puede crecer, ser libre y adulta con verdades desaparecidas.
+ Repudiamos las declaraciones del señor Videla, y como miembros plenos de la Iglesia lamentamos el silencio cómplice de ciertas jerarquías, el acompañamiento a prácticas asesinas, y hasta el asesoramiento y bendición del sistema represivo y genocida.
+ En días en que celebramos la reactivación del juicio por la desaparición, torturas y asesinato de nuestros hermanos Gabriel Longevielle y Carlos Murias, y la condena preventiva por el asesinado del padre obispo Enrique Angelelli, tres hermanos en la fe de la Iglesia en La Rioja, lamentamos y abominamos las declaraciones del cura Jorge Luis Hidalgo, de La Pampa, afirmando que Videla no debe pedir perdón, con una retórica militar que es aberrante en un cura.
+ Repudiamos, también, toda reaparición, evidente o disimulada de la "teoría de los dos demonios", en discursos periodísticos, blogs o lo que fuere; algo que no solamente es falso de toda falsedad, sino que además, en nada ayuda a la memoria, la verdad y la justicia.
+ Lamentamos que cierto periodismo obsesionado por enfrentar al gobierno nacional no dimensione que ciertos temas, como los acá señalados, deben ser "temas de Estado", que superen a cualquier gobierno; destacando -además el temor de que -si tuvieran poder o gobierno ciertos sectores o gobernantes- estos pilares de nuestra identidad se verían no sólo seriamente dañados, sino clausurados en nombre de una falsa "reconciliación".
+ Celebramos, finalmente, la recuperación del "nieto 106" a quien hacemos llegar nuestro abrazo fraterno, e invitamos a quien sea que colabore, incite, sugiera a todo aquel o aquella que pudiera ser uno de los centenares de nietos aún buscados, a que no sólo contribuya con un nuevo mojón en la búsqueda de verdad, justicia e identidad, sino que además contribuya a la liberación de un cautivo que, sin saberlo, sigue siendo una víctima más de la dictadura genocida.
En el Evangelio de Juan, Jesús dijo que "la verdad nos hará libres"; a esa verdad pues queremos invitar a todos, a "pedir perdón" por las mentiras que no nos dejan ser libres, y a caminar como hermanos y hermanas de la Patria en busca de más verdad, para que aumente la memoria y con justicia, seamos libres.
Agosto 2012
Nota sobre las repudiables declaraciones del Pbro. Jorge Luis Hidalgo
lunes, 13 de agosto de 2012
Un silencio cómplice que averguenza
Un silencio cómplice que averguenza
En la Arquidiócesis de Córdoba, Angelelli no existe
No hay manera de evitarlo. El 4 de Agosto, aniversario del asesinato de Enrique Angelelli, se celebra también el día de los párrocos. En conmemoración del Cura de Ars, San Juan María Vianney. La coincidencia de las fechas debiera hacer que, por lo menos, fuera inevitable hacer alguna mención de Enrique Angelelli, aunque mas no sea, en la oración por los difuntos, para pedir por su salvación eterna. La Arquidiócesis de Córdoba, desde el Seminario Mayor, ha organizado una "semana de oración" (nunca una "semana de reflexión, de debate, de compromisos" pero esto es otro tema). En la semana de oración, desde el lunes 30 de Julio al Domingo 5 de Agosto se preveen y se proponen diversas maneras de rezar: misas, retiros, adoración eucarística y rezo del rosario. En cada ocasión, se ofrecen materiales escritos para acompañar cada rezo. Todo este bagaje devocional va precedido de una carta del Sr. Arzobispo Carlos Ñáñez. Suponemos que para el Seminario, lugar donde se preparan los futuros sacerdotes, el testimonio de vida del Obispo Mártir, no puede pasar desapercibido. Por otro lado, el Obispo Enrique Angelelli, antes de presidir el Obispado de la Rioja, fue un sacerdote destacado, por sus compromisos con los obreros y la juventud. Por si fuera poco, también fue obispo auxilliar en Córdoba. No obstante todo ésto, la coincidencia en la fechas, las tareas pastorales realizadas en Córdoba, e incluso las acciones de la mismisima conferencia episcopal argentina, para "develar" la muerte de Angelelli, en Córdoba, no le merecen ser mencionado ni una sola vez. Tanto en la carta de Carlos Ñáñez, como en todos los materiales entregados a las parroquias, ni una sola vez, lo reiteramos, ni una sola vez, ni siquiera por error, se lo nombra a Enrique Angelelli. Este silencio, este ocultamiento los hace cómplices con sus asesinos y nos vergüenza. Una vez más, porque no se trata de la primera vez que esto ocurre, sentimos la misma y mas profunda vergüenza. El 27 de Julio de este año logramos que la justicia dicte prisión preventiva para el ex dictador Jorge Rafael Videla y otros ex militares represores procesados por el asesinato de Enrique Angelelli durante la última dictadura cívico-militar. Mientras esto sucede, el Arzobispo Carlos Ñáñez, ha sufrido, una vez más, una ataque de amnesia. Angelelli no existe, no existió, no debe existir. Ocultar su nombre, desaparecerlo, es la estrategia, es pretender que deje de ser lo que fue y, sobre todo, que siga estimulando al compromiso por la justicia y la liberación. Pretensión tan grosera como inútil.
Pbro. Nicolás Alessio, teólogo
En la Arquidiócesis de Córdoba, Angelelli no existe
No hay manera de evitarlo. El 4 de Agosto, aniversario del asesinato de Enrique Angelelli, se celebra también el día de los párrocos. En conmemoración del Cura de Ars, San Juan María Vianney. La coincidencia de las fechas debiera hacer que, por lo menos, fuera inevitable hacer alguna mención de Enrique Angelelli, aunque mas no sea, en la oración por los difuntos, para pedir por su salvación eterna. La Arquidiócesis de Córdoba, desde el Seminario Mayor, ha organizado una "semana de oración" (nunca una "semana de reflexión, de debate, de compromisos" pero esto es otro tema). En la semana de oración, desde el lunes 30 de Julio al Domingo 5 de Agosto se preveen y se proponen diversas maneras de rezar: misas, retiros, adoración eucarística y rezo del rosario. En cada ocasión, se ofrecen materiales escritos para acompañar cada rezo. Todo este bagaje devocional va precedido de una carta del Sr. Arzobispo Carlos Ñáñez. Suponemos que para el Seminario, lugar donde se preparan los futuros sacerdotes, el testimonio de vida del Obispo Mártir, no puede pasar desapercibido. Por otro lado, el Obispo Enrique Angelelli, antes de presidir el Obispado de la Rioja, fue un sacerdote destacado, por sus compromisos con los obreros y la juventud. Por si fuera poco, también fue obispo auxilliar en Córdoba. No obstante todo ésto, la coincidencia en la fechas, las tareas pastorales realizadas en Córdoba, e incluso las acciones de la mismisima conferencia episcopal argentina, para "develar" la muerte de Angelelli, en Córdoba, no le merecen ser mencionado ni una sola vez. Tanto en la carta de Carlos Ñáñez, como en todos los materiales entregados a las parroquias, ni una sola vez, lo reiteramos, ni una sola vez, ni siquiera por error, se lo nombra a Enrique Angelelli. Este silencio, este ocultamiento los hace cómplices con sus asesinos y nos vergüenza. Una vez más, porque no se trata de la primera vez que esto ocurre, sentimos la misma y mas profunda vergüenza. El 27 de Julio de este año logramos que la justicia dicte prisión preventiva para el ex dictador Jorge Rafael Videla y otros ex militares represores procesados por el asesinato de Enrique Angelelli durante la última dictadura cívico-militar. Mientras esto sucede, el Arzobispo Carlos Ñáñez, ha sufrido, una vez más, una ataque de amnesia. Angelelli no existe, no existió, no debe existir. Ocultar su nombre, desaparecerlo, es la estrategia, es pretender que deje de ser lo que fue y, sobre todo, que siga estimulando al compromiso por la justicia y la liberación. Pretensión tan grosera como inútil.
Pbro. Nicolás Alessio, teólogo
martes, 3 de julio de 2012
A PROPOSITO DE LA “LUJURIA” DEL OBISPO DE MERLO
Entre San Agustín y Santo Tomás
Por José Pablo Feinmann
Lo
del obispo Bargalló demuestra que la castidad que la Iglesia impone a
sus súbditos es una agresión a la condición humana. Un cerrojo a la
naturaleza del cuerpo, que tiene tantos derechos como el espíritu. Pero
la cosa ya es irremediable, de tan lejos viene. ¿Por qué tanto empeño en
proteger y demostrar la virginidad de María? Otros hombres de la
Iglesia (muy superiores al obispo de Merlo-Morón) han sentido la
tentación del pecado, de la lujuria. Y no se han ido a esconder a una
playa exclusiva, carísima de México, para realizarlo y luego callar,
sino que lo han confesado abiertamente, incluso con una prosa que suele
sorprender por su belleza. Otros hombres –más consagrados a su Dios que
el obispo Bargalló– sufrieron la tentación carnal y se entregaron a ella
y lo dijeron valientemente, sin andar fraguando mentiras, tonterías
escasamente creíbles para salir del paso. Me voy a referir a uno de
ellos, al autor de las Confesiones, a San Agustín, a quien el obispo de
Merlo habrá leído seguramente tanto como yo, que no he dejado de hacerlo
desde muy joven, desde que cursaba en Viamonte 430, en la vieja
Facultad de Filosofía y Letras, la materia Fenomenología e Historia de
las Religiones.
San Agustín vivió entre los años 354 y 430. Las Confesiones es el
más íntimo y hermoso de sus libros y seguramente uno de los más
auténticos que el catolicismo ha hecho nacer. Se trata de un libro
fascinante, sobre todo en sus primeras partes, en las que un joven
demasiado joven no puede sobrellevar las exigencias de la pubertad y a
la vez adorar a su Dios aceptando las exigencias terribles que éste le
impone a su cuerpo. De esta forma, el libro se convierte en una amarga
queja (como si Job surgiera otra vez ante Dios, cuestionándolo) que un
ardiente pecador le presenta a su Creador. “Quiero acordarme ahora de
mis fealdades pasadas y de las carnales torpezas de mi alma. Y lo hago,
no porque ame estos pecados, sino para amarte a ti, Dios mío (...) Pues
en mi adolescencia ardía en deseos de hartarme de las cosas más bajas.
No dudé en embrutecerme con varios y oscuros amores” (Libro II, Capítulo
I). Y sigue adelante el que luego será recordado como el Santo de
Hipona. Pero decir “sigue adelante” es injusto con él. Porque cualquiera
que se pone a escribir puede adelantar en su tarea. Agustín, por el
contrario, inicia el Libro III con un texto digno de la mejor
literatura, erótica. No sólo la prosa es subyugante, sino el ambiente
que, en pocas palabras, pinta: “Llegué a Cartago y me encontré en medio
de una crepitante sartén de amores impuros” (Libro III, Capítulo I).
¿Leyeron eso? “Una crepitante sartén de amores impuros.” ¿Qué se freía
en esa sartén? ¿Qué comida exquisita, irresistible? El texto pareciera
extraído de la mejor prosa de un autor caribeño. García Márquez lo
aceptaría. Sigue: “Pues aunque mi verdadera necesidad eras tú, Dios mío
que eres alimento del alma, yo todavía no sentía tal hambre (...) La
salud de mi alma no era buena y, llena de úlceras, se lanzaba
desesperadamente fuera de sí, restregándose con el contacto de las cosas
sensibles” (Ibid.). A los dieciséis años, ¿quién puede contener a este
púber que se desboca tras la lujuria? Agustín compara el deseo con las
marejadas, con las corrientes profundas de un mar incontenible que lo
lleva a playas que no desea y, a la vez, desea sin poder frenarse, sin
nada que le dé la fuerza para hacerlo. Sigue: “Pero una vez más volvía a
preguntarme: ‘¿Quién me ha hecho a mí? ¿No me ha hecho mi Dios, que no
sólo es bueno, sino la misma bondad? ¿Pues de dónde me vino a mí el
querer el mal y no querer el bien? (...) ¿Quién puso esta voluntad
dentro de mí? (...) Y si la puso el diablo, ¿quién hizo al diablo?”
(Libro VII. Cap. III. Subr. nuestro). Y aquí nos arrostra su texto
decisivo: “Pero entonces, ¿dónde está el mal? ¿De dónde viene y por qué
se ha colado en el mundo? ¿Cuál es su raíz y su semilla? (...) ¿De dónde
viene, pues, el mal, si Dios hizo todas las cosas y siendo bueno las
hizo buenas? (...) Pero tanto el Creador como su creación son buenas.
¿De dónde procede el mal? ¿Es que, acaso, era mala la materia de donde
sacó el universo? (...) ¿Y por qué esto? ¿Acaso Dios no tenía poder para
transformarla y cambiarla de todo modo que no quedase de ella rastro
del mal? ¿No es acaso omnipotente?” (Libro VII. Cap. V). La formulación
es extrema, la queja alcanza su mayor densidad: ¿Por qué existe el mal?
Si Dios es pura bondad y es omnipotente, ¿por qué no destruye el mal? Si
no lo hace, ¿Dios quiere el mal? ¿Hay mal en Dios, ya que tanto lo
tolera? ¿Se solaza Dios con el mal? En suma, las quejas de Agustín se
resumen en afirmar que no puede evitar el pecado de la carne, huir de la
lujuria, que su pubertad es una marejada impura que lo ahoga y, en esas
aguas, él es un pecador que goza. Y si eso que a él le ocurre es, para
Dios, el mal, ¿quién lo creó? Sólo El pudo hacerlo. ¿Por qué lo hizo? Y
si es totalmente bueno y omnipotente, ¿por qué no lo elimina? ¿Acaso
tolera el mal porque también está en El? ¿Con qué derecho su Dios lo
lleva a decir algo tan desgarrador como: “Pobre de mí, ¿quién me librará
de este cuerpo que me lleva a la muerte”? (Libro VIII. Cap. V).Pequeño obispo de Morón, ése es el coraje. Usted, sugerimos, debió decir: “Sí, pequé. Yo, un hombre entrado en la cincuentena, me vi arrastrado al pecado de la carne. ¿Qué podemos pedirles a nuestros jóvenes curas? Yo, al menos, incurrí en la lujuria con una mujer, divorciada y con una vida hecha. ¿Qué tiene de malo? ¿No es peor arrastrar a nuestros jóvenes curas, a los púberes que alojamos tras las paredes de nuestros monasterios, a vejar niños? ¿No es peor que viejos sacerdotes de vieja y ajada fe también lo hagan?”. Así habría sido respetado y hasta tendría un lugar en la historia de la Iglesia. Pero no: usted sucumbió a Santo Tomás de Aquino, que aún es el Padre de la Iglesia y cuya Summa Teológica es la verdad supre-ma. ¿Qué dice el santo de Aquino? La Summa consiste en una serie enorme de preguntas que el Santo responde. Formula la pregunta, luego las objeciones y por fin la solución. Todo está resuelto ahí. Se ocupa de cuestiones que el obispo de Morón debió consultar antes de irse a México a bañarse en aguas de lujuria. Por ejemplo: La abstinencia, ¿Es la abstinencia un mal? La castidad, ¿es la castidad una virtud? La virginidad, ¿consiste la virginidad en la integridad de la carne? ¿Es ilícita la virginidad? ¿Es la virginidad una virtud? ¿Es la virginidad más excelente que el matrimonio? Las especies de la lujuria: ¿Es pecado mortal la fornicación simple? ¿Es la fornicación el pecado más grave? ¿Existe pecado mortal en los besos y en los tocamientos? ¿Es pecado mortal la polución nocturna?
Bien, nos detenemos aquí. El obispo Bargalló sabía todas estas cosas. Sabe que la Iglesia cree en Santo Tomás. Entonces, ¿por qué abandonó la abstinencia? La castidad. ¿Ignoraba que la virginidad es una virtud? ¿Cómo se entremezcló con una divorciada? ¿Ignoraba que la fornicación simple y la compleja y vaya a saber cuántas más son pecado? ¿Ignoraba que los besos y los tocamientos son lujuria? ¿En cuántos besos y tocamientos incurrió con esa divorciada? ¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Acaso por evitar el pecado mortal de la polución nocturna del que sólo se huye por medio de la fornicación simple?
Entre San Agustín y su corazón desgarrado y Santo Tomás y sus leyes inquisitoriales se mueve la Iglesia. El cardenal Bergoglio dijo que había “tristeza en la Iglesia” por las acciones del obispo de Merlo. El cardenal Bergoglio debe tener la Summa de Aquino clavada en el centro de su corazón, aniquilándolo. La Iglesia debe volver a la angustia agustiniana y –con ella– entrar en el siglo XXI. Debe también volver a la humildad del profeta de Nazareth y su desdén por las riquezas y decidirse a luchar contra la pobreza y la injusticia. De lo contrario morirá. Y si persiste en seguir como hasta ahora sería deseable que lo haga o que, al menos, se vuelva impotente y deje al mundo seguir su rumbo, hacia el desastre o hacia la vida, pero sin castradores medievales.
viernes, 22 de junio de 2012
Un obispo "no excento de imprudencia" Víctima no inocente
Un obispo "no excento de imprudencia"
Víctima no inocente
Nos alegra que,una vez más, estas verdades salgan a la luz. Y no se puede decir que es una campaña contra la iglesia. Dejamos de lado lo obvio, es mas grave la ofensa a los empobrecidos que estar a los abrazos con una mujer. Por eso vamos a detenernos en este último aspecto, que no es un tema menor, están en juego el poder y el sexo. El obispo es una víctima del sistema vaticano romano. De una maquinaria implacable para triturar conciencias. El debe predicar, defender, exigir y castigar, según corresponda, la disciplina del celibato sacerdotal que reprime la afectividad y el erotismo, desde el poder eclesial. Una disciplina que si alguna vez tuvo sentido, hoy es absolutamente irracional, desmesurada, y atentatoria contra los derechos a vivir plenamente la sexualidad. Este obispo, y no es el único, es una victima porque una ley canónica con estas caracteristicas es imposible de cumplir. Es más, no se debe cumplir, es una cuestión de sanidad personal. Tal vez por un tiempo se pueda mantener la "castidad sacerdotal". Tal vez por un tiempo se puedan reprimir los deseos, pasiones y amores. Por supuesto, con una gran cuota de padecimiento, violencia interior, secuelas afectivas, emocionales y compensaciones masturbatorias. Pero, más tarde que nunca, la realidad se impone. Pero el obispo no es inocente, porque si el obispo sabe, vive y siente que ésto es así, debiera exigir al Vaticano la anulación de este requisito canónico para los que desean ser sacerdotes. Debe reunirse con sus pares, con sus sacerdotes, con sus comunidades para exigir un gran acto de sinceramiento por parte de las autoridades romanas. Como no lo hace, al contrario, predica a favor de su cumplimiento, entonces es hipócrita y cómplice de un sistema perverso. Exige lo que no cumple, y sabe que no se puede cumplir. En sus pretendidas explicaciones, en lugar de ponerse al frente de una fuerte crítica a la institución y sus absurdos, regresa a la obediencia ciega: “Quiero también expresar con claridad que estoy totalmente comprometido con la Iglesia en la misión que me ha encomendado en esta diócesis de Merlo-Moreno y en las demás responsabilidades..." O sea, seguirá predicando lo que no vive, y casi seguro, en lo que tampoco cree. Seguirá exigiendo a otros lo que él no se exige. Como aquello del Evangelio, cuando Jesús reprocha a los fariseos imponer duras cargas al pueblo que ellos mismos no obedecían. Seguirá con la amiga de la infancia, solo que ahora se cuidarán un poco más. Roma conoce esta situación, pero la "tolera" mientras no haya medios de comunicación que pongan ante la opinión publica estas verdades. La hipocresía romana, aferrandose a doctrinas de los hombres, pretende esconder lo que de hecho sucede bajo sus alfombras doradas. Lo sucedido no es un hecho aislado. No fue una excepción en un momento de debilidad. Es la muestra cabal del empecinamiento romano en un sistema tremendamente inútil y por demás inservible.
Pbro. teólogo Nicolás Alessio
martes, 10 de abril de 2012
ANTE LA NOTIFICACIÓN SOBRE ALGUNAS OBRAS DEL PROFESOR Dr. ANDRÉS TORRES QUEIRUGA
ecleSALia 10 de abril de 2012
ANTE LA NOTIFICACIÓN SOBRE ALGUNAS OBRAS DEL PROFESOR Dr. ANDRÉS TORRES QUEIRUGA
JOAQUÍN PEREA, JOSEP ANTONI COMES, JESÚS CONILL, ADELA CORTINA, RAFAEL DÍAZ-SALAZAR, ANTONIO DUATO, TERESA FORCADES, CARLOS GARCÍA DE ANDOIN, JOAQUÍN GARCÍA ROCA, Mª DOLORS OLLER, JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ, DEMETRIO VELASCO, JAVIER VITORIA Y JOSÉ ANTONIO ZAMORA. revista@iglesiaviva.org
ECLESALIA, 10/04/12.- Como compañeros y amigos de Andrés Torres Queiruga queremos hacer públicas las siguientes reflexiones:
1. En nuestra condición de católicos y miembros de la Iglesia agradecemos el trabajo intelectual que Andrés Torres Queiruga ha venido realizando durante más de cuarenta años. El conjunto de su fecundo pensamiento supone una cumbre histórica del servicio de la teología española a la verdad de la fe cristiana. Su empeño por pensar en diálogo con la cultura actual ha ayudado a creer bien a muchos cristianos de hoy («intellige, ut credas», “comprende para creer”). Y somos testigos de que, al mismo tiempo, su fe en el Dios Antimal ha exigido y estimulado su pensar teológico («crede, ut intelligas», “cree para entender”). Por todo ello nos parece muy grave que el texto de la Notificación no contenga ni una palabra de reconocimiento de su entrega intelectual o de agradecimiento por el bien que ha hecho a la fe de los cristianos. Tenemos la certeza de que este modo de proceder nada tiene que ver con el de Jesús de Nazaret, fuente y centro neurálgico de la tradición de fe cristiana.
2. Sin renunciar a pronunciamientos posteriores y más extensos sobre la Notificación, ahora hemos de señalar lo siguiente:
a. La teología que rezuma la Notificación difícilmente recibiría el aprobado en un examen de la mayoría de las Facultades teológicas del mundo. No hay más que visitar los tratados escritos por los profesores más relevantes de las mismas.
b. No es de recibo que el “Catecismo de la Iglesia Católica” sea uno de los referentes desde el que se evalúa y se juzga la consonancia de la teología de Andrés Torres Queiruga con la verdad de la fe. Las afirmaciones dogmáticas de la Iglesia son el referente de todo trabajo teológico y deben siempre mantenerse como tales. Pero sus manifestaciones catequéticas han ido variando y seguirán variando a lo largo de los tiempos. Es más que discutible que dicho Catecismo en todos sus apartados exprese en su integridad y con toda la necesaria riqueza la verdad de la fe. Además, utilizarlo como elemento dirimente para juzgar la obra científica de un teólogo reconocido, resulta similar a valorar las aportaciones de un investigador de primera fila a la luz de los manuales utilizados para la enseñanza de su materia en los cursos iniciales de graduación universitaria.
c. Como viene siendo habitual en los últimos tiempos, también en este caso el magisterio episcopal identifica su teología con la verdad de la fe. Es una práctica que denunciamos rotundamente porque tergiversa de manera grave el servicio al evangelio que corresponde legítimamente al ministerio episcopal.
d. Se acusa a Andrés Torres Queiruga de «reducir la fe cristiana a las categorías de la cultura dominante» y de «eliminar u oscurecer la novedad introducida por la Encarnación del Hijo de Dios». Quienes le imputan tan grave acusación lo hacen desde una fe expresada en las categorías propias de una cultura venerable, pero obsoleta. Al actuar de ese modo, ¿no serán ellos los que están reduciendo la fe a las categorías de esa cultura? Los “nuevos paradigmas” no los deciden los teólogos, sino las transformaciones culturales. Hablamos de “nuevo paradigma” teológico cuando la teología tiene que pensar la fe en un nuevo paradigma cultural. Es lo que con libertad supo hacer la Iglesia en su más antigua tradición para expresar salvíficamente la fe cristológica y trinitaria en el paradigma griego, bien diferente al semita. ¿Qué evaluación merecería la confesión de Calcedonia desde una concepción inmutable del paradigma del evangelio de Marcos? Esta inculturación de la fe es lo que ahora se impide hacer, porque en la comunidad teológica impera la ley del miedo y muchos teólogos callan para no tener que arrostrar problemas que traigan consigo “efectos colaterales”.
e. Es falso que, como afirma la Notificación, se haya “mantenido un diálogo extenso y detenido con el Autor”. Un encuentro de un par de horas con algunos miembros de la Comisión firmante para señalar las cuestiones teológicas a debate, y ello cuarenta y ocho horas antes de firmarse la Notificación, está lejos de lo que debe ser un diálogo serio, profundo y sincero, y tiene toda la apariencia de buscar una coartada que no engaña a nadie.
3. Terminamos animando a Andrés Torres Queiruga a que prosiga con libertad y fortaleza su trabajo de reflexión y de investigación teológica para el mejor servicio a la Iglesia y el impulso a la credibilidad del anuncio evangélico ante los desafíos de la cultura actual. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
4 de abril de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
MENSAJE DEL XXXI CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “LOS FUNDAMENTALISMOS”
MENSAJE DEL XXXI CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “LOS FUNDAMENTALISMOS”
Celebrado en Madrid del 8 al 11 de septiembre de 2011
MADRID.
ECLESALIA , 12/09/11.- Del 8 al 11 de septiembre hemos celebrado el XXXI Congreso de Teología con la participación de setecientas personas de diferentes continentes y múltiples identidades culturales, religiosas y étnicas para reflexionar sobre el fenómeno de los fundamentalismos, sus principales manifestaciones, causas y consecuencias en los distintos escenarios geoculturales: Asia, África, América Latina y Europa.
1. Los fundamentalismos son la manifestación más elocuente de la incapacidad de los seres humanos para vivir en armonía en medio de la diversidad y convierten las discrepancias en barreras de incomunicación. Alimentan la intolerancia, son enemigos de la diversidad y pueden manifestarse bajo cualquier ideología.
2. El fenómeno fundamentalista, cada vez más extendido, se apropia de todas las parcelas de la existencia humana: personal y social, religiosa y cultural, política y económica. Esto puede comprobarse en el avance de los partidos xenófobos e islamófobos, en el fanatismo de líderes religiosos que queman libros sagrados y en los atentados terroristas cometidos en nombre de Dios. Coincidiendo con el X Aniversario del 11-S, queremos tener un recuerdo especial para los atentados de ese día en los Estados Unidos, sin olvidar los del 11 de marzo en Madrid, del 7 de julio en Londres, del 21 de julio en Oslo y otros, así como las invasiones violentas de países y las agresiones contra su población civil por parte de las potencias imperiales.
3. Hemos prestado atención especial a los fundamentalismos religiosos, cuyas características más importantes son: la absolutización de la tradición, la búsqueda de un fundamento inamovible en un mundo cambiante; la pretendida comprensión literalista de los textos sagrados fuera del marco cultural e histórico en que fueron escritos; el olvido de la ineludible crítica; la pretensión de verdad absoluta en un mundo caracterizado por la complejidad y la incertidumbre; la dependencia de una autoridad indiscutible frente a la inseguridad creciente; la defensa de una moral inmutable en una sociedad en permanente transformación; la fe en un Dios conocido, que legitima las propias convicciones y opciones; la sacralización de lo profano; la dogmatización de lo opinable y la negativa al diálogo.
4. En la Iglesia católica el fundamentalismo suele canalizarse través de los movimientos neoconservadores, empeñados en llevar a cabo la restauración eclesiástica hasta el extremo, y de no pocas actuaciones intolerantes de la jerarquía que minimizan, e incluso niegan, aspectos fundamentales del concilio Vaticano II y condenan el trabajo de los teólogos, las teólogas y los movimientos renovadores.
5. Algunas de estas actitudes hemos podido comprobarlas en la reciente Jornada Mundial de la Juventud, que ha ofrecido una imagen autoritaria y patriarcal de la Iglesia, ajena a los problemas reales de los jóvenes, y ha fomentado la exaltación del pontífice, hasta caer en la papolatría, una de las más nítidas expresiones del fundamentalismo. Y todo ello con el apoyo y la legitimación de las diferentes instituciones municipales, autonómicas, militares y empresariales.
6. Objeto de riguroso análisis crítico por parte de las teólogas feministas de las diferentes tradiciones religiosas ha sido el fundamentalismo patriarcal, que fomenta la desigualdad, mantiene los roles de género y se traduce en el control absoluto del orden social por los varones, que imponen la sumisión de las mujeres, recurren a la violencia y llegan al extremo del feminicidio.
7. Los fundamentalismos se extienden por los diferentes sectores sociales e instalados en las cúpulas de la mayoría de las religiones, de la política, de la economía e incluso de los Estados, que toman sus decisiones autoritariamente sin la consulta a la ciudadanía y sin fomentar la democracia participativa. Nosotros mismos, por muy lejos que creamos estar de actitudes fundamentalistas, no estamos libres de incurrir en ellas. Po eso es necesario estar vigilantes y tener una actitud siempre autocrítica.
8. Creemos que el mejor antídoto contra los fundamentalismos es: la renuncia a la posesión absoluta de la verdad y su búsqueda colectiva, el respeto al pluralismo, la convivencia frente a la coexistencia, el derecho a la diferencia, la interculturalidad y el diálogo interreligioso orientados al trabajo por la paz y la justicia, la solidaridad con los excluidos, la defensa de la naturaleza y la igualdad entre hombres y mujeres. Las religiones poseen en sus propias fuentes ejemplos luminosos y resortes para superar los fundamentalismos, cuales son: la dignidad de las personas, el tejido comunitario, la aceptación de los otros, el perdón, la misericordia, la opción los pobres y marginados y la hospitalidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Madrid, 11 de septiembre de 2011
Para más información: http://www.congresodeteologia.info
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